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RAMONET, IGNACIO. La explosión del periodismo. De los medios de masas a la masa de medios.

Ficha Técnica 
Título: La explosión del periodismo
Autor: Ignacio Ramonet Imagen
Edita: Clave Intelectual. Madrid. Primera edición, mayo, 2011
Materia: Periodismo y comunicación
Número de páginas: 158 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 978-84-9047-0-8
PVP: 15,00 €

En La explosión del periodismoIgnacio Ramonet radiografía la prensa escrita en un momento en el que el ecosistema mediático ha volado por los aires a causa del impacto de la revolución digital y el desarrollo de las redes sociales.

La obsesión de los dueños de la prensa es la de no canibalizar el papel. Esta limitación paraliza su capacidad de entender lo que pasa y les impide reaccionar.  Sin embargo, deben tomar decisiones basándose en los datos: muchos medios cuentan con más usuarios registrados en twitter que lectores en papel. El consumo de información online en las webs informativas supera ya al de la prensa escrita.

En EEUU, en 2010 por lo menos 120 periódicos han desaparecido. Y 40 grandes periódicos se declararon en quiebra. Caen en picado los ingresos por publicidad en prensa escrita y esta publicidad emigra a Internet, sobre todo a medios especializados ya que los anunciantes buscan un mayor impacto por coste. Los beneficios de los cuatro diarios mas prestigiosos (los Angeles Times, The Chicago Tribune, The New York Times y The Washington Post) han caído más de un 25% respecto a 1989, antes de la irrupción de internet. De igual manera puede apreciarse en Europa.  Definitivamente el público ha emigrado a internet.

La consecuencia para el periodismo escrito como parte de un reajuste del gasto de las empresas es la destrucción de empleo. También ha derivado en la eliminación de corresponsalías y en un peor tratamiento de la información.

Aparte del auge de internet, hay otros factores condicionan la decadencia de los diarios de prensa escrita. La crisis económica que comporta descenso de ingresos en publicidad. LaImagen crisis  estalló justo cuando el periodismo atravesaba la dolencia de un problema estructural: la mercantilización de la información. Excesiva competencia de los periódicos gratuitos, envejecimientos del lector de prensa, excesiva dependencia de la publicidad. Además, la gente ya no es fiel a su periódico. La mayor parte de publicaciones con la esperanza de abarcarlo todo y captar lectores de cualquier signo, han abierto su línea ideológica, por tanto los lectores se sienten traicionados y no se sienten obligados a cumplir ningún pacto de fidelidad. Y cómo no, uno de los peores problemas del periodismo: La erosión de la credibilidad de la prensa, como consecuencia de la oligarquía en connivencia con los poderes políticos. Como consecuencia, la función de contrapoder que debían ejercer los medios ha disminuido considerablemente. Y es en este contexto donde el auge de las redes sociales actualiza el proyecto de una mayor democratización de la información.

Las ediciones de prensa se concentran en manos de unos pocos grandes grupos, es decir, en un reducido grupo de oligarcas. Esta ola de concentraciones perjudica al pluralismo. Se exponen a los peligros que implica la mezcla de actividades tan contradictorias como la obsesión comercial y la ética de la información. Los grandes grupos mediáticos cotizan en bolsa, esto hace que los medios de comunicación que les pertenecen censuren las noticias que les pueden perjudicar.  Y he aquí uno de los grandes problemas: algunos medios están convencidos de que el objetivo histórico de los medios de comunicación en las democracias es amaestrar a la sociedad, no dudan en imponer a los lectores una concepción subjetiva y parcial de la información. De hecho, está surgiendo un fenómeno nuevo: la censura democrática. La abundancia de información y su infección nos impide ver qué es lo que realmente se nos oculta.

Actualmente, el cuarto son grupos económicos y financieros  y multinacionales, que son los amos del mundo; más que los propios estados. En este nuevo marco geoeconómico ha tenido lugar la metamorfosis de los medios de comunicación de masas. La globalización es también la globalización de los medios de comunicación de masas. Los grandes grupos mediáticos, preocupados por mantener sus imperios y conquistar nuevos mercados no se proponen el objetivo cívico de ser el cuarto poder, y mucho menos de actuar como contrapoder. Por ello, el autor propone crear un quinto poder. Con la función de denunciar al superpoder de grandes grupos mediáticos, que en determinadas circunstancias no solo no defienden a los ciudadanos sino que actúan en su contra.

Debido a la sobreabundancia de información, ésta se encuentra contaminada. Cada vez más ciudadanos reclaman una ecología de la información, que limpie la información de mentiras. Es necesaria menos información, pero de mayor calidad. La libertad de expresión colectiva no puede depender de un puñado de oligarcas. Y por ello, resulta urgente exigir a los grandes medios que dejen a los periodistas ejercer en función de su libertad de conciencia y no en función de los intereses de los grupos empresariales.

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Hace dos años la empresa de Recursos Humanos, Adecco, situaba al Periodismo entre los oficios con menos futuro profesional, tal y como recogía 20minutos en una de sus noticias. La razón es que algunas carreras, entre las que se encuentra el Periodismo, tienen un porcentaje de titulados muy superior a su oferta en el mercado laboral.

A esta pésima noticia habría que añadir la crisis económica y de publicidad que ha obligado a las grandes empresas de comunicación a llevar a cabo sonados EREs. Pero el periodismo no solo se cuece en los grandes diarios, ni en las revistas de mayor tirada; tampoco en las mejores cadenas de televisión, ni en las emisoras con mayor número de oyentes. Hay periodismo en Internet, y lo hay también en muchas iniciativas que, si bien no son el negocio del siglo, sí son una manera rentable de impulsar el buen periodismo y suponen una buena fuente de información, por el riguroso trabajo que realizan. Por ello, cuando una puerta se cierra, o mejor, cuando un periódico se cierra, se abren otras iniciativas de igual o mayor validez.

Los alumnos de Periodismo de la UMH tuvieron el placer de charlar en una mesa redonda con Toni Martínez, miembro de la cooperativa MásPúblico y cofundador de La Marea, una de las iniciativas que nacieron tras el ERE de Público, que finalizó con el cierre de la versión impresa y el despido de la práctica totalidad  de los periodistas en plantilla. Lo atractivo de la rueda de prensa, cuyo eje giraba alrededor de Martínez, no era discutir lo acertado o no de La Marea, sino poner de manifiesto que hay posibilidades para los periodistas que quieran trabajar.

Tras el citado ERE de Público, se produjo una subasta a la que acudieron los ex-trabajadores de este rotativo unidos bajo la cooperativa MásPúblico. Sin embargo, eran un pequeño pez que daba coletazos en una batalla de titanes. El grupo Roures pujó mucho más fuerte por Público y volvió a adjudicárselo. Así, MásPúblico se quedaba sin su querido diario pero no sin ideas.

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Toni Martinez // www.periodismo.umh.es

Lo más importante de esta pequeña cooperativa (y por consiguiente de la revista La Marea) es  que “es una cooperativa que está formada por trabajadores y usuarios y donde no hay intereses financieros a sus espaldas”, asegura Martínez.

Sí, todo suena bien: una sociedad económica que nace como cooperativa (lo que reduce los costes), un grupo de personas con ganas de trabajar, una manera de negocio que sigue las huellas del exitoso Público… Sin embargo hay algo que chirría en todo este asunto y es que ¡apuestan por el papel! Sí, como lo leen, La Marea nace pensada para leerse sobre soporte tradicional.  “Creemos en un papel que no te ofrezca exclusivas, sino que explique cosas de la mejor manera posible, ya que hay gente que lo demanda y está dispuesta a pagarlo”, explica Toni Martínez.

Pero es posible que sea la única laguna en un plan que tiene todo el potencial de una buena idea. Es perfectamente lícito apostar por el papel pero no en un mundo sobresaturado de kioskos que, a su vez, están sobresaturados de publicaciones de todo tipo. Es cierto que esta decisión de darle protagonismo al producto estrella del periodismo (históricamente), viene acompañada de otras iniciativas como una futura aplicación y una página web.

Muy destacable el hecho de que LaMarea se autofinancie prácticamente con las ventas y la suscripción. “Recibimos apenas un 15% de publicidad”, explica Martínez. Esto es debido a su política de aceptación de anunciantes: “No aceptamos publicidad que condicione los contenidos del medio, así como la de aquellas marcas que choquen con los principios editoriales”. Poseen un comité para decidir esto. Martínez explicó el caso de una publicidad que les pareció sexista y en el comité se votó no publicarla, así que no se hizo.

Esta última idea es, en mi opinión, el fundamento que legitima este tipo de iniciativas y que a veces las lleva a ser un éxito. Lo democrático de sus decisiones les hace ser publicaciones que están más cerca de lo que pide el lector. Los grandes holdings de comunicación nombran a una persona para que tome las decisiones en un diario y, a menudo, esta persona se olvida de que dos cabezas piensan más que una. En La Marea  hay más de dos cabezas que piensan, escriben y toman decisiones todas en el mismo sentido.

La marea va subiendo

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Puede parecer una locura querer crear un periódico en plena crisis del papel  impreso y con la era Internet abarcándolo todo, pero la falta de medios con un mínimo de calidad y con un claro corte progresista se está perdiendo con los años y por ello, Tony Martinez  decidió crear junto a otros compañeros  un nuevo medio de comunicación alternativo ante los que ofrece las grandes empresas de comunicación. La Marea, es un proyecto arriesgado a la vez que reconfortante para sus no tan jóvenes emprendedores, ya que recopila el personal – con tablas- del desaparecido periódico Público que no pudo mantenerse en el mercado del papel  debido a su baja demanda y su competencia online.

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Tony M. escuchando las preguntas de los alumno/as de periodismo de la UMH

La Marea es un periódico entusiasta, fresco, inusual, diferente, arriesgado y lo más importante, con calidad informativa, porque si algo tienen en común este pequeño equipo,  es que lo importante aquí no es el dinero que genere la noticia, sino plasmarla con todo lujo de detalles. El trabajo bien hecho, prima sobre cualquier otro factor. La calidad informativa es la clave de su éxito. Cabe destacar que posee un diseño moderno, muy visual, aportando fotos que impactan y enganchan al lector. Este nuevo periódico se ha ganado un hueco entre aquellos lectores  que necesitan desesperadamente un soplo de aire fresco a la hora de informarse. La otra cara de la noticia, está en La Marea, un periódico que cuida el detalle y convence cada día más a sus seguidores ofreciéndoles el mejor producto.

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Fotografía que ocupa la parte central de La Marea

A pesar de su corta edad, La Marea tiene una fuerte personalidad. Este periódico mensual es el fruto de un personal apiñado en una cooperativa MásPúblico. Gente con ganas de ver un cambio en el modelo empresarial periodístico. Profesionales cansados de someterse al ‘peloteo’ y a seguir ‘la corriente’ de lo que dictan los comunicados de prensa.

La Marea puede subir o puede bajar según el éxito entre los lectores, todo en función del temporal que azota el país. Ahora mismo los medios de comunicación necesitan una bombona de oxigeno para poder seguir saliendo a la superficie. La gran mayoría han perdido credibilidad o se ajustan demasiado a su línea editorial o bien esta gira al compás del viento. Lo que está claro  es que este nuevo periódico intenta conectar con el lector a través de la verdad más irrefutable.

Sí, parece una locura abrir un periódico mensual en pleno siglo XXI, pero puede que sea el único camino para elaborar dentro de una profesión corrompida y atenuada por el poder y la falta de calidad y variedad informativa. Las webs lo acaparan todo, pero no son capaces de ofrecer lo que la artesanía periodística puede elaborar con paciencia y tesón. Quizá La Marea tenga un formato papel solo para reflejar  la añoranza de aquellos tiempos en que el periodismo no solamente era el cuarto poder, sino que su mayor preocupación era informar al ciudadano.

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Tony Martínez motivando a los alumnos/as de la UMH

Sí, La Marea es un proyecto inusual, puede que hasta poco atractivo para la era moderna, pero es necesario. Suba o baje La Marea, los periodistas que componen este periódico se mojarán para poder ofrecer lo que nadie ha querido: el otro lado de la verdad. Un claro ejemplo a seguir por los jóvenes periodistas de la UMH, que necesitan este tipo de motivaciones para no pensar que el periodismo está flotando a la deriva.

 

 

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La forma de contar historias mediante una videocámara puede llegar a convertirse en todo arte, y es que la imagen acompañada de testimonios, música, historias y metáforas, ofrece al espectador todo un mundo nuevo en el que sumergirse, invitando así a que descubra la otra realidad tras la pantalla.

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Gonzalo del Prado de Antena 3, respondiendo a las preguntas de la mesa redonda

Las VIII Jornadas Internacionales de Periodismo UMH se han centrado este año en el reportaje televisivo, llevando por nombre: ‘Hibridación y auge de un género’. Hibridación porque la imagen proporciona cientos de posibilidades ante el insulso papel en blanco y negro. Música, filtros, efectos, tipos de planos, composición, textos superpuestos y una voz en off que dé juego y sepa enlazar las diferentes historias que hay en un reportaje introduciendo giros y nuevas escenas.

Mª Eulalia Adelantado, catedrática de Comunicación Audiovisual, comentaba que: ‘el género reportaje goza de buena salud, ya que en todas las cadenas, tanto públicas, privadas y temáticas cuentan con una gran cantidad de programas’. Además, añadía sobre la evolución de este género, el gran cambio que ha habido en los últimos años: ‘el rigor se ha hibridado con el entretenimiento. Esta evolución se evidencia en los cambios narrativos, de edición, imágenes… adaptándose sobre todo a una audiencia más joven

Respecto a este nuevo formato de reportajes podemos nombrar como referentes ‘21 días’, ‘Mi cámara y yo y el conocido programa ‘Callejeros. Todos ellos, son programas de info-entretenimiento y que tienen una buena audiencia. Pero este tipo de reportajes distan mucho de los clásicos de Informe Semanal, Documentos tv, Redes… todos ellos con un rigor y calidad periodística características de la televisión pública. Aunque ahora gracias a la TDT, los canales temáticos, como Xplora y Discovery Max, utilizan este tipo de formatos, enfocado mucho más al entretenimiento. Nuevos programas que fusionan la telerealidad y el entretenimiento.

Nace pues el debate, como planteaba Mª Eulalia, ‘¿el rigor y el entretenimiento pueden ser un binomio? Un entretenimiento de calidad, ¿puede ser posible?’. No es que solo pueda ser posible, sino que debería ser así. Contar una historia de forma dinámica y entretenida, aportando grandes dosis de información,  es lo que el público demanda ahora mismo. Un buen ejemplo de reportaje entretenido e informativo es el presentado por Jordi Évole. ‘Salvados’ ha cruzado la ambigua línea que separa la rigurosidad y el entretenimiento. Con una composición sencilla de planos,  buen ritmo a través de música y bloques, un toque de ironía en sus entrevistas llenas de ‘inocente’ curiosidad, combinado todo ello con personajes políticos de interés público y polémicos. Jordi Évole crea un espacio donde el espectador casi se siente parte de esas entrevistas, ya que los guiones reflejan todas aquellas dudas planteadas por la sociedad. Por lo tanto, tenemos entretenimiento y  rigor periodístico, ya que Évole sonsaca todo aquello de lo que los políticos y cargos públicos nunca hablan.

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Gema Soriano, directora del programa ‘Repor’, tras la charla.

Y es que hay muchas maneras de contar historias, pero ‘en lo que nunca debe caer un reportero’, concretaba Gema Soriano, directora de ‘Repor’, ‘es querer ser el protagonista de ellas’.  Las historias siempre van dirigidas a cierto público y por el ello el reportero ha de adaptarse a ese perfil. Adquirir el protagonismo de la historia, devalúa la calidad del reportaje.  Siempre los protagonistas son los otros. Hay que saber jugar con los elementos que nos presta el medio audiovisual. ‘Cuando se cuenta una historia’, continuaba Gema, ‘hay que ir jugando con los pequeños detalles, con el entorno del entrevistado, utilizar metáforas visuales. Siempre hay que seguir una estructura de presentación, nudo y desenlace. Debemos saber lo que contar y cómo contarlo, pero sobre todo hay que escuchar al personaje, porque de esta forma se crea un vínculo de confianza que le hará abrirse y contar aquello que no se atrevía’. Palabras clave de una periodista con tablas en el mundo del reportaje.

Otro personaje de la televisión pública que aportó sus conocimientos en estas jornadas sobre cómo hacer reportajes y noticias diferentes, visuales, llamativas y con personalidad, fue Carlos del Amor.  Creador de cápsulas informativas con una sensibilidad y un toque inconfundibles, pues la mezcla de planos artísticos se fusiona con las metáforas y las pinceladas literarias de sus historias. Una visión peculiar de ver la vida, que engancha o empalaga al espectador.

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Carlos del Amor tras su charla sobre su conocimiento profesional

Lo que está claro es que se disfruta de un amplio abanico de estilos y de periodistas dispuestos a crear escuela. Gracias a estas jornadas, el reportaje se ha convertido en un punto de referencia para muchos jóvenes periodistas que ven en este formato, una salida tanto profesional como creativa.  Una imagen puede valer más que mil palabras, pero si le añades música y una voz que la acompañe, el periodista puede crear no solo información y conciencia, sino una idea global que atraiga a millones de personas.  Por ello desde hace tiempo se premian este tipo de trabajos. Los documentales como: ‘Haití, Tierra de esperanza‘ ‘Una verdad incómoda’ … fueron galardonados y crearon una gran conciencia social, lo que demuestra que los documentales y reportajes, interesan siempre que se cumplan 3 normas:  curiosidad, veracidad y entretenimiento.

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Las VII Jornadas han sido útiles para mostrar otra faceta más del periodista. Coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte del cámara  José Couso, el reportaje y la imagen, son un claro ejemplo de un mundo en el que nada es tan fácil como parece. Detrás de las cámaras, existe un guión y muchos profesionales que se dejan la piel para contentar a un público que cada vez es más selecto.

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Entre nuestras enseñanzas populares destaca el cuento de la lechera, el cual muchos no descartan en citarlo para relacionarlo con la avaricia y la precaución a la hora de emprender en un negocio. Pero lo cierto es que nunca una fábula había hecho tanto daño a la actitud de una sociedad. Y es que cuando a la buena señora se le derrama el cántaro lleno de leche con el que pensaba comerciar y poner en marcha proyectos, el cuento llega a su fin, perseverando en la moraleja de precaución a la hora de plantearse retos de futuro.

Después del ERE acometido por Mediapubli, empresa editora del periódico Público, en el que se despidió al 84% de la  plantilla del diario, los periodistas que trabajaban en él pensaron que ese sería, si no el fin, una importante traba en sus vidas profesionales: “Veíamos muy difícil trabajar en según qué medios por la falta de libertad”, afirma Toni García, periodista de La Marea. Pero es en los momentos más difíciles donde las personas demuestran su capacidad de superación ante la adversidad. Y esto fue lo que hicieron un grupo de periodistas que acaba de quedarse sin trabajo junto con algunos lectores fieles a la línea de Público: Convertirse en emprendedores. Así, estos periodistas han pasado a reescribir un nuevo final para el cuento de la lechera, donde después del percance con el cántaro, han logrado levantarse y seguir adelante, con un cántaro más vacío, pero con un nuevo proyecto. Sin miedo a volver a empezar.

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Toni García muestra una de las primeras portadas de La Marea

Así nació tan solo 9 meses después Mas Público, una cooperativa periodística que cuenta con 12 trabajadores; y su periódico La Marea, cuyo  reto, aparte de crear un producto rentable era  “hacer un periodismo libre de intereses particulares, siendo transparentes y democráticos”, explicaba Toni García orgulloso del proyecto. Una idea que chocaba con la mentalidad española, puesto que es ahora cuando comienza a extenderse la idea de donaciones o aportaciones particulares a proyectos empresariales.

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Toni García explica el código ético publicitario de La Marea

Y es que estos periodistas se las sabían todas en materia de libertad periodística, así que crearon una cooperativa donde el 50%  pertenece a los socios y el otro 50% a los trabajadores. Además también establecieron el Consejo de Difusión, con dos trabajadores que deciden los contenidos del día. “Los socios pueden hacer aportaciones pero los periodistas tienen la última palabra sobre los contenidos de la publicación”, explicaba García. Incluso cuentan con un Consejo editorial, formado por personas de prestigio que son los que velan para que se cumplan con rigor los mandatos. Y la publicidad no podía ser menos importante a la hora de redactar sus estatutos. Para ello, crearon “El Código Ético de la Publicidad”, donde se reservan el derecho de admisión de publicidad de productos y marcas que no contribuyan a sus principios editoriales. “Ni sexistas, racistas, productos financieros, ni empresas que inviertan en armas. La publicidad no puede condicionar los contenidos ni la línea editorial de nuestro medio de comunicación”, sentenció al respecto García.

Pero teniendo en cuenta que en su modelo de negocio tan solo un 15% de sus ingresos provenían de la publicidad debía crear un producto suficientemente atractivo como para sustentarse solo de las suscripciones y de la venta del periódico. Y así lo hicieron: libertad, igualdad, equidad, defensa de público, memoria histórica, movimientos sociales, trabajo libre, medio ambiente, república y cultura, son sus máximas en la presentación de cara al público. Apostaron fuerte por los reportajes de investigación reportajes gráficos y mucha infografía. Todo ello basándose en un gran juego de maquetación, que hiciera más visual y atractivo su producto. El producto estrella es el papel, primando la calidad por encima de la inmediatez, una característica muy realista y atractiva para los lectores de prensa. Eligieron tres puntos clave para penetrar en su mercado: Madrid, Valencia y Barcelona. Aunque más tarde, se encontraron con una gran aceptación por parte del público y establecieron sistemas de nodos, es decir, una distribución en otras áreas con menor volumen de ejemplares.

El caso de La Marea es solo un ejemplo de referencia para los futuros periodistas, que deben tomar consciencia de la necesidad de emprender, sin miedo al fracaso, para poder garantizarse un trabajo el día de mañana.

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El precio de la verdad, es un claro ejemplo de por qué ambas palabras nunca deben ir unidas. La verdad no es negociable. Al menos no en este negocio de la información. Hay que ser tan insensato como Stephen Glass, afligido por no alimentar la egolatría de ambos padres y dispuesto a todo por ser en un futuro próximo un señor de renombre. The New Republic, le dio la oportunidad  a este joven periodista de escribir las historias más inverosímiles que nadie pudo leer en esta revista de alto prestigio.  Esta oportunidad, se convirtió en poder. Un poder tan cegador cuya única meta era elevar el nombre de Stephen Glass hacia el limbo de la fama.  Tras publicar más de 40 artículos, 27 se desestimaron en honor a la verdad. Una mentira tras otra, semana tras semana, hiladas con inocencia, humor y fantasía.

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Stephen Glass con tan solo 24 años ya era un periodista reconocido.

Stephen Glass no tuvo suerte en su huida hacia la fama. Adam Penenberg, de Forbes  destapó la caja de pandora. Uno a uno fueron saliendo los fantasmas de la libreta de notas de Glass mientras en su rostro se veía desvanecer el amanecer de la felicidad. Un medio online que sonrojaba  a un gigante de los medios escritos tras la publicación en su página web  de “Lies, damn lies and fiction”, donde hablaba de la inverosimilitud del último artículo de Stephen Glass, titulado “Hack Heaven”, toda una quimera fantástica creada de su puño y letra. Penenberg que ya andaba tras la pista de Glass,  (éste ya había recibido varios toques de atención por sus publicaciones), tuvo suerte de encontrarse durante el camino al nuevo director de The New Republic, Charles Lane, que mientras intentaba dar credibilidad a uno de sus mejores periodistas, se inyectaba una dosis de realidad en cada dato fraudulento.

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Adam Penenberg actualmente es profesor en la Universidad de New York

Ni la empresa ni las fuentes ni el lugar ni el día existían. Números falsos,  personajes ficticios, cómplices, … toda una trama digna de un guión de Hollywood. La prensa escrita quedaba en entredicho. Los medios digitales emergentes lo estaban dando todo. Un buen hacer periodístico por parte de Forbes que por otro lado, a modo de lanzadera ayudó a los medios digitales a hacerse un hueco entre las masas estadounidenses a finales de los 90.  Forbes tan solo contrastó la información que los propios jefes de Stephen Glass habían pasado por alto en una historia casi irrisoria, la de un adolescente informático contratado por una gran multinacional; de esta forma se ponía en entredicho el sistema de verificación de datos de The New Republic.  Nadie se había cuestionado: ¿Qué multinacional era esa? ¿Quién la dirigía? ¿Si tenían página web donde acceder a su información? Nadie, absolutamente nadie comprobó ni cuestionó los datos de aquel compañero. Salvo la competencia.  Un medio digital que no encontraba información online sobre la gran multinacional Jukt Micronics. ¿Cómo no iban a encontrar en internet datos sobre una empresa informática? ¿Cómo es posible que Jukt Micronics tan solo utilizara un teléfono de atención al cliente? En la mente de Adam Penenberg la libre había saltado. Solo había que correr tras ella hasta debilitarla. Y así fue. El olfato periodístico no se pierde detrás del ordenador. El mundo moderno hacía el que caminaban y la experiencia digital permitió desenmascarar lo que un periódico a papel estaba a años luz de descubrir.

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La página de Jukt Micronic

 

¿Quién se libra del fraude? Solo aquellos que tienen los ojos bien abiertos y un buen olfato para saber donde están las buenas y malas noticias y así ha de ser también para las historias veraces o no. Y si esto falla, acudir a las fuentes o puntos de información no está de más. Nunca dar por válido algo sin haber sido contrastado las veces necesarias. Un jefe perezoso o un director despreocupado, pueden propulsar una catástrofe.

 ¿Quieres ser periodista o escritor? Aunque resulte frívolo, inventar historias dentro de este gremio ya no es un acto que altere la conciencia de muchos periodistas. El caso más sonado fue el de Janet Cooke. Una imaginación desaprovechada en un mundo en donde lo único que vale es la cantidad y la calidad de la verdad.

¿Compañerismo o estupidez? Una nueva generación de periodistas trabajaban en The New Republic. Una redacción donde se respiraba buen ambiente y una idolatría hacia Stephen Glass enmascarada de muchas formas.  Compañeros que soñaban escribir como él, otros que le felicitaban por sus increíbles historias, algunos que se infravaloraban ante sus artículos… ¿Nadie fue capaz de cuestionar a Glass? Me cuesta creer que alguien durante tanto tiempo no pensara que aquellas historias eran inventadas.

 ¿Competencia? Sí gracias. No hay nada mejor como verse reflejado en el otro. Aunque en este caso The New Republic  tuvo que pedir disculpas tras la publicación de Forbes sobre el caso Stephen Glass. Nadie mejor que nuestro enemigo para sacarnos los colores y en este caso para ayudar a comprender que de buenas intenciones no vive el hombre.

 ¿Importa el medio? No. Importa el trabajo bien hecho. Aunque la gran mayoría de fraudes se han dado en prensa escrita, también otros medios como la televisión ha tenido varios fraudes. Jack Keley, reportero en USA Today. Otro ejemplo más cercano es el de Hermann Tertsch, que grabó su crítica hacia la huelga general del 14N un día antes de que esta se produjera. 

Hay una línea muy delgada entre la realidad y la ficción dentro de los artículos y reportajes. Ya lo decía Gabriel García Márquez:¿Tiene derecho un periodista a “pintar” una lágrima en los ojos de una viejecita triste que aparece en un reportaje, aunque en la realidad no llegara a verter esa lágrima? “Pintarla” para reforzar el efecto literario.” A lo que se respondió a si mismo: “El periodista tiene derecho a pintar esa lágrima para reflejar mejor la atmósfera del momento, el estado anímico del personaje descrito. ¿Dónde está la traición?” Yo le responderé: la traición está en que esa lágrima que conmueve al lector, nunca existió.

Trailer película:

PR08_GLASS_130213_NEUS HERNÁNDEZ CHOVEREL PRECIO DE LA VERDAD

En la película El precio de la verdad, la publicación online Forbes destapa un llamativo escándalo periodístico en los Estados Unidos. Stephen Glass, un ambicioso periodista del periódico New Republic abusaba de la confianza de su jefe para inventarse atractivas noticias que después plasmaba en sus artículos, basándose en fuentes ficticias. Este periodista aprovechaba el hueco que dejaba el sistema de verificación de fuentes en su periódico: la comprobación de la veracidad de los artículos se basaba exclusivamente en las notas tomadas por el periodista. El artículo publicado por Glass resulta tan llamativo que el jefe del medio Forbes digital se interesa por él y manda a uno de sus redactores investigar el curioso artículo. Penenberg, periodista del medio online,  comienza a investigar y va desgranando poco a poco cada una de las mentiras que contiene la publicación: las fuentes no existían.

Este caso pone de manifiesto la necesidad de revisar el sistema de verificación de los medios tradicionales puesto que Glass había estado publicando artículos inventados sin que nadie sospechara en absoluto. En este sentido, cabe afirmar que el sistema de verificación es más eficiente en los medios digitales, ya que con tan solo una búsqueda en internet les permite contrastar fuentes, acontecimientos e incluso el posible plagio de un artículo.

Esta producción cinematográfica demuestra lo importante que es separar la amistad del trabajo, puesto que la amistad te lleva a depositar una confianza desmesurada en el trabajo que realiza un allegado. Esto no puede permitirse en una publicación periodística donde en cada artículo se está jugando con la credibilidad del medio, valor que debe ser su máxima premisa a cumplir. Además, el sistema de verificación de los medios tradicionales que se retrata en la película era muy pobre. Esto puede entenderse porque aún se estaba gestando el auge que supondría más tarde internet y por ello, todavía eran pocos los medios que aprovechaban esta herramienta. De hecho, Forbes digital era un medio nativo digital pionero en aquellos momentos. Pero el caso de informaciones falsas en los medios de comunicación no solo podemos achacarlo a un vacío en el sistema de verificación, también entran en juego una falta de ética periodística.

En mi opinión, esta falta de aplicación del código deontológico en nuestro oficio viene determinada por los intereses que despiertan los medios de comunicación de masas para los poderes políticos, quienes ven en ellos un interesante instrumento para manipular la opinión pública, favoreciendo sus intereses, en detrimento de la labor social que realiza el periodista: crear una sociedad más informada y por tanto, más fuerte. También, la película refleja la complejidad en el mundo laboral periodístico, donde todos anhelan convertirse en una figura referente en el oficio y esto despierta en los periodistas más que nunca su sentido de competencia entre los propios compañeros y el intento de elaborar publicaciones pomposas, comprometiendo incluso el concepto de buen periodismo, para llamar la atención y dar a conocer su nombre.

El rigor, la verificación y el buen periodismo deben ser sinónimos tanto de medios tradicionales como de medios nativos digitales. El periodista debe entender que  su papel en la sociedad es el de comunicar de forma veraz sobre cualquier acontecimiento noticioso, sin importar su creencia ideológica; evitando así el “periodismo de etiquetas”. Debe buscar la objetividad, aún siendo un valor inalcanzable, puesto que nadie puede desprenderse de la manera en que le han educado para entender el mundo. El periodista nunca deberá renunciar a la búsqueda de la objetividad, pues este valor es el que determinará la calidad de sus publicaciones. Claro está, que en muchas ocasiones el periodista sesga la realidad porque la premura que le exige la actualidad le impide contrastar la información que recibe. Por esta razón, muchos son los medios que publican informaciones basadas en notas de prensa. La profesión debería replantearse desde el desde el principio, tanto en la aplicación del código deontológico del saber hacer como en el margen que se le ofrece al periodista para contrastar la información. No debemos olvidar que el periodismo es una profesión con carácter público. La información que recibimos condiciona el desarrollo de nuestra sociedad. Una sociedad desinformada jamás se planteará los mismos objetivos como colectividad que otra bien informada sobre sus debilidades y fortalezas.

En el caso del periodismo español podemos encontrar numerosos ejemplos de información falsa, a la que se le ha dado relevancia en el panorama comunicativo. Podríamos citar como ejemplo el caso de los atentados del 11M, donde numerosos medios adjudicaron la autoría a la banda terrorista ETA, cuando las pruebas demostrarían más tarde que el atentado fue cometido Al-Qaeda. Otro caso sonado en los medio españoles es el de Dolores Vázquez. El 19 de septiembre, el jurado popular decide declarar culpable de asesinato a Dolores Vázquez, algunos medios realizan una crónica que recuerda a un folletín. Por ejemplo, ABC titula: “Alicia Hornos, dos años de sufrimiento hasta conseguir justicia para su hija, para añadir en el interior del cuerpo de la información:

“¿Una venganza? Ese podría ser el móvil. Los investigadores comenzaron a estudiar sus movimientos y finalmente fue detenida y puesta a disposición judicial. En realidad corrían rumores de la implicación de esta mujer e incluso Alicia Hornos la señalaba como asesina de su hija”.

Este tipo de declaraciones, y alusiones a la “frialdad” de Dolores, buscan el asentimiento del receptor que encuentra así un culpable del crimen, a pesar de que se reconoce que no hay pruebas directas para que el fiscal mantuviera la acusación de homicidio. Para ello, el periodista no duda en aludir a rumores, aunque resulte una práctica incompatible con la información veraz.

Precisamente, por faltar a la verdad, el periodista puede incurrir en delito de calumnia, tipificado en el Código Penal como “imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio a la verdad”. Se trata de la concreción de un deber jurídico del periodista relacionado con el respeto al honor, que se complementa con el delito de injuria.

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Mimo Khair Photography

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